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La vuelta a clases, al trabajo y a la rutina
Ojo con el Síndrome Post Vacacional
   
Llegó marzo y, después del relajo propio del verano, es normal sentir reticencia a enfrentar el año laboral y escolar, incluso con manifestaciones físicas y emocionales. Pero si esta sensación se prolonga o agudiza, hay que evaluar si puede tratarse de algo más serio.

Según estadísticas internacionales, cerca del 35% de la población trabajadora sufre del Síndrome Post Vacacional, que afecta principalmente a los menores de 45 años.

La principal recomendación para enfrentar este mes y los que vienen es retomar la rutina en forma gradual, rescatando lo positivo de las vacaciones e intentando tener una vida lo más agradable posible.
   
El término de las vacaciones no sólo representa la vuelta a la rutina, al trabajo, las clases o las obligaciones domésticas. También implica un conjunto de procesos asociados a la transición del verano al otoño, que impactan en todos los seres vivos: plantas, animales y personas.

Una progresiva reducción de las horas de luz natural, o cambios en  la temperatura y humedad ambiental, son algunas de las manifestaciones más visibles de esta variación estacional que vive la naturaleza. En este contexto, es normal que los seres humanos presentemos algún grado de resistencia a pasar de la situación de ocio y relajo asociada al verano, a la rutina propia del año laboral y escolar. A ello, sumemos los pagos pendientes, los tacos, el smog, la corbata o el uniforme, las aglomeraciones en el transporte público, los horarios y la falta de tiempo para hacer todo lo que queremos. Y las mañanas más oscuras, los días más cortos y el tiempo cambiante no ayudan mucho a enfrentar con mejor disposición esos temas.

Aquí es donde aparece el llamado “síndrome post vacacional” que sobreviene a cerca de un 35% de los trabajadores, sobre todo a los menores de 45 años. Esto no es una enfermedad, sino un estado de ánimo temporal que se combina con algunas sensaciones de depresión, irritabilidad y ansiedad, y que puede extenderse entre dos días y dos semanas y podría entenderse como una “pataleta adulta” frente al fin de las vacaciones, el verano y las noticias de playa y sol. Sin embargo, si este malestar persiste y se intensifica en el tiempo podríamos estar en presencia de algún tipo de trastorno del ánimo y es recomendable consultar a un especialista.

Carolina López, sicóloga del Departamento de Riesgos Sicosociales de la Asociación Chilena de Seguridad, recomienda tratar de distinguir entre el malestar momentáneo y un trastorno más profundo o duradero, y no perder de vista que el factor estacional puede afectar a algunas personas, derivando incluso en cuadros de depresión en individuos que tienen predisposiciones genéticas, endocrinas e inmunes a padecerla por las variaciones de luz solar (se ha observado especialmente en mujeres entre 20 y 40 años).

De todos modos, ambas situaciones son prevenibles. “Para enfrentarlas y superarlas, hay que partir tomando conciencia que no somos inmunes al ciclo natural de cambio de estación, y que necesitamos preparar nuestros cuerpos para este cambio. ¿Cómo? fortaleciendo nuestro sistema endocrino e inmunológico con una dieta equilibrada, actividad física programada y recurrente lo más parecida al ritmo que se tuvo en verano y aclimatándose en forma pausada y ordenada a nuestra nueva situación”, señala Carolina López.

Consejos para un buen regreso

La sicóloga de la ACHS dice que intentar retomar la rutina diaria al día siguiente de volver de vacaciones puede ser un cambio muy brusco y generar mayor impacto negativo. “Debemos ir de a poquito, organizar mental y prácticamente la vuelta, ordenándonos en forma paulatina hasta tomar bien el ritmo de marzo y del resto del año”, sostiene, agregando que este consejo es válido tanto para los adultos como para los niños; es decir, es la familia completa la que se tiene que adaptar. Lo ideal sería contar con uno o dos días previos al retorno a la rutina del año.

Entonces, para que su encuentro con marzo sea lo mejor posible y no sea motivo de estrés, siga estas recomendaciones de Carolina López:
  • Intente continuar alguna actividad física que haya iniciado en verano; si no lo hizo, comience algún régimen de ejercicio moderado y frecuente. Estar activo mejora la calidad de vida, facilita la vuelta a la rutina y la preparación para el otoño. Por otra parte, recuerde que el sedentarismo se asocia a obesidad, hipertensión y a problemas cardiovasculares, que en Chile causan el 28% de las muertes de adultos jóvenes.
  • Volver al trabajo también es volver a las relaciones en el trabajo. Por lo tanto, retome y, si se puede, trate de mejorar las relaciones con los compañeros de trabajo, de estudios o de otras actividades que realice habitualmente y que se hayan interrumpido con las vacaciones.
  • Concéntrese en lo positivo. Rescate lo bueno de las vacaciones, pero también las cosas que le gustan y que lo motivan de su vida cotidiana.
  • Relajarse (con o sin ayuda). Usar técnicas de relajación puede ayudar mucho a superar el trauma de la vuelta a la rutina y mejorar la calidad de vida. Hacerse masajes, meditar o practicar yoga -reconocido por sus beneficios físicos y emocionales para mejorar depresión, mejorar equilibrio, flexibilidad- es una posibilidad que no deberíamos descartar.
En resumen, lo esencial es programarse para una vida ordenada, activa y motivante, “intentar vivir una vida que nos guste vivir y, por lo tanto, que no nos aterre ni nos enferme retomar tras las vacaciones”, puntualiza la sicóloga.

 

Alimentarse bien: pilar de la salud y el bienestar emocional

Una nutrición balanceada basada en alimentación sana y variada refuerza el sistema inmune, protege de enfermedades y nos ayuda a enfrentar de mejor manera el año laboral y escolar. ¿Qué debemos comer?
  • Energía y proteínas. “Platos de cuchara” como legumbres, guisos con carne, pescados y  verduras. Lácteos para proteger los huesos además del aporte proteico.
  • Vitamina C. El consumo de ensaladas (sobre todo las de hoja verde), tomates y frutas con alto contenido de vitamina C como los cítricos y kiwis, ayuda a protegerse de las infecciones.
  • Miel. Aporta calorías de rápido uso. Contiene jalea real y própolis, que son un antibiótico natural.
  • Infusiones de hierbas. Ayudan a la digestión y tienen efectos preventivos frente a infecciones y problemas gástricos. El tomillo y la manzanilla son infalibles.
Recomendaciones adicionales:
  • Dieta mediterránea, probada para proteger de enfermedades cardiovasculares y prevención de accidentes vasculares.
  • No es lo mismo tomar suplementos alimenticios que consumir diariamente los minerales y vitaminas que necesitamos. Muchas veces esos suplementos no son “bioequivalentes” a los alimentos y por tanto no tienen el mismo efecto en el cuerpo.
  • No automedicarse. Prácticamente todos los remedios tienen efectos secundarios, por lo que siempre deben ser indicados por un médico.

 

Fuente: ACHS
 
 
 
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