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ENTREVISTAS, TESTIMONIOS Y OPINIONES
VENGAN ESOS CINCO

EN 2002, MÁS DE 700 CHILENOS MURIERON MIENTRAS TRABAJABAN Y OTROS 240 MIL SUFRIERON ACCIDENTES LABORALES. LOS CINCO TRABAJADORES QUE HABLARON CON THE CLINIC SON LA PARTE MÁS DURA DE ESAS ESTADISTICAS: PERDIERON PARTE DE SU CUERPO EN LAS MÁQUINAS QUE MANEJABAN. CULPAN A LOS TURNOS AGOTADORES, A LA AUSENCIA DE CAPACITACIÓN Y A LA ANTIGÜEDAD DE LAS MÁQUINAS. LA PRESIÓN POR PRODUCIR Y A LA FALTA DE MEDIDAS DE SEGURIDAD. AQUI, SUS HISTORIAS.

Por Carlos Martínez

 

NUEVE Y MEDIO

Fernando sufrió su accidente hace un año en una prensa de la empresa Ideas y Servicios ubicada en el Cajón del Maipo. Tenía 19 años y era su primera experiencia laboral.

   

- Yo hacía de todo: estampaba, imprimía, limpiaba. El problema es que no tenía idea cómo manejar las máquinas porque nunca me hicieron un curso. Había que salir al choque a producir. Estuve tres días trabajando en la prensa. En un momento, un compañero me dijo que estaba sangrando.

Felipe recuerda que no sintió dolor. Solo una molestia en la uña.

- Incluso yo estaba colocando la otra plancha para seguir trabajando. Ahí me di cuenta de lo que había pasado. Quedé loco. La situación fue terrorífica. Ni siquiera había un botiquín o una gasa con que limpiarme.

Algunos de los empleados no pudieron soportar la visión y salieron corriendo. Sólo su amigo atinó a tomar el dedo pero ya no se podía hacer mucho. Su jefe lo llevó hasta el Hospital Sótero del Río.

- Me dijo que no me preocupara porque él iba a pagar todo. Incluso se puso a llorar y yo le creí. Si se pone a llorar tu jefe...

Lo único divertido fue que en el mismo hospital le pusieron un nuevo apodo. El carabinero que tomó su declaración en el Sótero le dijo que "ahora eres el nueve y medio".

La rehabilitación fue por buen camino, pero poco tiempo después la empresa se negó a seguir cancelando su tratamiento.

- Mi jefe empezó a decir que me pasó por estar volao. Yo fumo, pero nunca tan gueón para hacerlo en el trabajo.

De todos modos, su rehabilitación fue rápida. El único gran obstáculo fue superar la idea de que iba a ser rechazado por la mujeres.

Cuando atinaba con una mina me daba vergüenza tomarle la mano. Las minas se fijan al tiro y eso me costó caleta asumirlo. Pero no faltó la que me dijo "te chupo el dedo pa' que lo superí".

Hoy, sólo una cosa le llama la atención. Todavía siente que su dedo está completo.

Es muy raro. Siento la uña sucia. Debe ser porque cuando me accidenté estaba con las manos llenas de grasa. Yo creo que es el nervio que me sigue molestando.

 

SIN APODO

Luis y Salvador tienen algo que los une. Ambos sufrieron accidentes en máquinas que trabajan con metal fundido.

   

- Recuerdo que estaba terminando mi turno dice Luis. Agrega: "el jefe estaba muy jodío. Si no terminábamos toda la pega, nos iba a correr las vacaciones para después de la Navidad o del Año Nuevo. Nos decía que había que sacar la pega como fuera y me puse a tirar las últimas piezas. Entonces se juntó todo, las vacaciones, las fiestas, la presión del jefe, saber que era quincena y que había plata en el cajero. Yo tenía la cabeza en otro lado y la inyectora no estaba ciento por ciento segura".

Luis sintió un dolor. Pero no pudo precisar qué ocurría.

- En esos segundos, nada me cuadró. Lo único que sentía era un dolor, pero tampoco sabía que venía de mi mano. Me salvé porque no solté las tenazas y estas trabaron el cierre de la maquina. Si se hubiera cerrado, el material habría salido y me quedo sin mano.

Luis perdió el dedo medio. Algunos de sus compañeros quedaron tan impactados que sólo atinaron a llorar. Durante mucho tiempo él también quería quebrarse. Si se sobrepuso fue para no afectar a su familia.

Hasta hoy sigo tratando de no mostrar pena para no achacar a mis hijos ya mi esposa. La que sufrió harto fue mi hija, que es mi regalona. Ella se ponía a hacerme cariño en el pelo y lloraba al lado mío. y quería quebrarme pero disimulé.

Cuando pudo volver a la empresa estuvo un buen tiempo realizando trabajos livianos. Pero cuando pasaba frente a la inyectora, se descolocaba.

- Veía la máquina y me producía rechazo. Ahí el jefe me puso un desafio: que me fuera acercando de a poco. Un día tomé las tenazas, saqué las piezas y agarré el ritmo al tiro. Fue entretenido, como volver de unas vacaciones.

Lo único diferente es que la máquina ahora cuenta con puertas de seguridad. Tuvo que pasar esto pa' que le pusieran más control.

A Luis no le tienen apodos. En parte se debe a que todos corren el riesgo de pasar por lo mismo. Sólo un determinado grupo de operarios bien calificados se atreven a meter sus manos en la inyectora.

- La inyectora es altamente peligrosa porque trabajai con metales fundidos. Además, tiene como 30 o 40 años. Una vez a un compañero le saltó todo el material a la cara y si no hubiera sido por la careta estaría todo quemado.

Aunque el caso de Salvador es menos grave que el de Luis, su accidente impactó a todos quienes trabajaban con él. No recuerda los detalles, pero en un momento se vio con la mano cazada dentro de la máquina.

- Recuerdo que sólo atiné a pedir ayuda a gritos. En ese momento nadie me escuchaba porque el ruido en el taller era muy grande. Cuando sus compañeros se percataron, trataron de auxiliarlo. Pero la fuerza de la máquina no les dejó abrir la compuerta manualmente.

- A esa altura estaba perdiendo el conocimiento y sentía como mi mano se iba quemando.

Cuando la logró sacar, el metal había traspasado su guante de seguridad.

- Mis compañeros me sacaron en camilla porque a esa altura las piernas se me doblaban solas.

Luego vino la cirugía.

- Prácticamente me tuvieron que reconstruir el dedo chico. Estaba todo quemado. Si me miran las manos por separado, lo más probable es que no encuentren diferencias. Pero si las junto te dai cuenta al tiro que algo raro tiene. Producto del accidente, el dedo chico quedó más pequeño que el otro.

 

EL PISTOLA

El accidente de Daniel Ortiz le costó tres dedos. Pese a que ocurrió hace siete años, las imágenes de ese día aún permanecen frescas en su memoria. Trabajaba en Madeco a cargo de una guillotina diseñada para cortar láminas de metal. Llevaba dos meses haciendo horas extras para mejorar su sueldo mínimo y estaba cansado.

   

En esa época hacía mínimo 12 horas seguidas todos los días. Recuerdo que estaba en la jornada de mañana y me dijeron que me fuera a dormir porque tenía que hacer el reemplazo en el turno de la noche. Pero no dormí bien.

Ese día estaba revisando la guillotina cuando esta cayó, seguida de varios punzones.

- No sentí dolor al principio. Sólo miedo. Pensé que perdía el brazo porque los punzones que sujetan las planchas de metal pasaron muy cerca. Cuando vi que eran los dedos di gracias a Dios. Saqué la mano y saltaba la sangre. Mi compañero se desmayó.

Después de la operación su estada en el hospital se prolongó durante varias semanas. Sólo diez días después lo visitó un representante de la fábrica y le dijo que la empresa cubriría todo.

Cumplieron a cabalidad. Pero Daniel esperaba también recibir apoyo.

- Quedé súper deprimido. Lloraba mucho. Nadie está preparado para perder algo de su cuerpo y menos cuando te ocurre a los 26 años.

Sin embargo, sólo volvió a la empresa para firmar el finiquito.

- La empresa tiene cero preocupación porque es política de ellos no pescar a los trabajadores accidentados. y yo en ese momento necesitaba sentir que pertenecía a la empresa.

Su madre lo sacó del atolladero anímico.

- Me dijo que yo valía más que tres dedos y eso me sirvió pa' salir adelante.

Actualmente Daniel trabaja en otra fabrica del área metalúrgica donde su rendimiento es igual al del resto de los trabajadores

- Mis compañeros me tiran tallas porque mi mano quedó en forma de pistola. Me dicen oye hubo un asalto... y se ríen. Yo, la bromas las soporto bien - Incluso trabajo con otro compañero que también se accidentó y lo trato de aconsejar para que tire pa' arriba.

 

CON CALMA

En la empresa Cerámicas Cordillera, los accidentes menores son bastante comunes. Pero la historia de Luis Andaur los supera a todos aunque ya han trascurrido más de ocho años.

.

   

- Mi accidente tuvo mucho de fortuito. Estaba trabajando en la descarga de una tolva que servía para almacenar desechos. El operador de la grúa hizo un mal movimiento y me atrapó el dedo gordo entre la tolva y un pilar de acero.

El único que reaccionó con calma fue el propio Luis.

- El que provocó el accidente no lo pudo soportar. Estaba como loco y lo tuvieron que mandar a su casa antes de que terminara el turno. Las personas que estaban a mi alrededor también estaban bastante afectadas. Eso me dicen ellos porque yo en ese instante me preocupaba solo del dedo o lo que quedaba de él.

Aunque Luis se tomó el accidente bien y nunca se desmoralizó, su familia se mantenía con una gran incertidumbre de lo que le había ocurrido.

- A mi esposa no le contaron. Un compañero, al que le encargaron avisarle, no se atrevió a decirle nada y le dijo que yo iba a llegar más tarde, que tenía un problema. Estuve cuatro días hospitalizado porque me tuvieron que hacer limpieza ya que había perdido prácticamente todo el dedo.

- Cuando el médico me dijo que no había vuelta yo no me derrumbé. No me pasó como a otras personas que se achacan y se echan a morir. Tenía bastante confianza de que me iba a insertar al trabajo. Pero en ese momento no sabía que me iba a demorar 12 meses en rehabilitarme.

La prolongada recuperación se debió a la compleja cirugía que fue sometido.

- Me tuvieron que hacer crecer artificialmente la parte de atrás del dedo para recuperar la utilidad de la mano. Con el dedo gordo uno hace pinza y si no me hacían la cirugía, yo quedaba inmediatamente con 50 por ciento de discapacidad. Por lo que me enteré, este fue uno de los accidentes más graves que han ocurrido en Cerámicas Cordillera.

La recuperación anímica de Luis se debe al humor con que tomó el accidente. Muchas veces él bromea más que sus propios compañeros respecto de lo que le pasó.

- Cuando me preguntan cómo están las cosas yo digo que está todo bien con la mano accidentada. En otras ocasiones, me pongo el dedo en la nariz como si me estuviera rascando. Creo que reirme de mi desgracia ayudó en buena parte a recuperarme y no andar tan bajoneado.

 
Fuente: The Clinic Nº 110
 
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